En la impúdica década del 90 sucedió esta revelación. En el periférico barrio del que soy hijo, se me dio la posibilidad de asistir al descubrimiento de un tipo al que unos pocos llamaban “humorista gráfico” y que respondía al apodo de “el Noke”. Lo curioso es que mientras en algunos lugares de la ciudad y del mundo muchos empezaban a reconocerlo como dibujante a fuerza de un eficiente pregón de carpeta debajo del brazo, en las proximidades de su casa era un vecino más, al que las facturas de los servicios le llegaban bajo el nombre de Miguel Ángel Brulé.
Bastó frecuentar su hogar un poco más que cualquier vendedor ambulante para, en un descuido, comenzar a tomar clases de bohemia y confección de sueños desmedidos, (siempre al abrigo de una canción de Joan Manuel Serrat o Víctor Heredia) garabateando las posibilidades de mantenerse eternamente fiel a sus convicciones a cualquier precio; convidándome con sus insólitas y reflexivas realidades, y sus emotivos universos paralelos.
De una sensibilidad única y una particular ironía, este niño rosarino (del que se calcula debe andar pisando los 50 de edad) es desde siempre un laburante de cualquier rubro creativo que tenga por herramienta el dibujo, la palabra (escrita u oral) o la música. Humorista gráfico; ilustrador; hacedor de comics y cuentos infantiles; escultor; modelista estático; pintor de cuadros y murales; autor y compositor de canciones y hasta uno de los más prolijos y prolíficos servidores de porrón que me tocó admirar en años.
Confeso hincha de Rosario Central, ha puesto su pluma y plumín al servicio de esa pasión: creó el primer personaje de historieta de un equipo de fútbol: Canayamán.
Si uno aprovecha e ingresa a su estudio en ausencia del Noke, además del mencionado superhéroe canalla, será recibido por una multitud de personajes liderada por Don Heraldo Peralta (un jubilado argentino) e Indalecio Gómez (un pícaro aborigen contestón). Ellos son los responsables de dar a conocer, desde el papel, la verdadera personalidad de alguien que se camufla debajo de un tipo que hace los mandados y toma el colectivo como cualquiera del montón.
Será por eso que el clima para crear del que goza este desgraciado lo conduce a generar semejantes trabajos que después señalan a su talento como responsable: ocurre que en la casa del Noke, está comprobado, a los mediodías les salen estrellas y cualquier tarde que comienza con un brindis y una pequeña historia se convierte fácilmente en amanecer.
Y eso a pesar de que (él no lo sabe) su departamento está compuesto también por otros ambientes que no son su tablero, ni su televisor, ni su heladera y ni su baño.
Ha colaborado con publicaciones de la ciudad, del país y del mundo. Ha expuesto sus obras en salones de humor internacional, en murales que dan a las calles rosarinas, en céntricos organismos oficiales y en centros culturales de barrio. Fue multipremiado en más de una ocasión. La televisión y las revistas porteñas han reproducido sus trabajos y figuras afamadas de la canción popular a las que les ilustró canciones le han agradecido personalmente. Dirigió su propia revista y presentó su libro con la mismísima presencia del “Negro” Fontanarrosa.
¿Cómo puede ser que usted todavía no conozca en profundidad a un artista así? Acérquese al mundo del Noke. Yo sé lo que le digo.
Porque más allá de los antecedentes, le conviene arrimarse para conocer a un gran tipo.
POR JOAQUIN CASTELLANOS, jefe del dpto producción de noticias de Rosario Express